El asombro, el TDAH y la puerta a lo sagrado

A veces pensamos en la espiritualidad como algo que ocurre en templos o en tradiciones religiosas, pero la neurociencia sugiere otra posibilidad. Tal vez la espiritualidad comienza con algo tan simple como un momento de asombro. Ese instante en el que algo te detiene por dentro. Una canción que te llega al alma. El silencio de un bosque.
La luz del atardecer cayendo sobre un edificio. Una idea que aparece de repente y te deja sin palabras.

En ese momento, tu mente se queda quieta. Y tu cuerpo sabe que algo importante está ocurriendo.

La neurociencia tiene una palabra para ese estado. Lo llama awe. En español solemos traducirlo como asombro. Es una emoción profunda que aparece cuando nos encontramos con algo tan grande, tan bello o tan inesperado que nuestro cerebro necesita reorganizar lo que sabe del mundo.

El psicólogo Dacher Keltner lo describe como una experiencia que combina la percepción de algo vasto y la necesidad de ajustar nuestros modelos mentales para comprenderlo. En otras palabras, el asombro ocurre cuando el mundo se vuelve un poco más grande de lo que pensábamos. Y durante unos segundos, nuestra mente se abre.

 
 
Sendero junto a un río tranquilo al amanecer, con árboles desnudos reflejados en el agua y rayos de sol atravesando la niebla matinal.

Ayer, durante un paseo temprano, la luz atravesaba los árboles y se reflejaba en el agua en silencio. Momentos así despiertan algo muy simple y profundo en el cerebro: el asombro. Ese instante en el que la mente se apacigua y la atención se abre por completo a lo que está delante de ti, la belleza del instante desbordando tu capacidad de entender o definir lo que está pasando.

 
 

Lo que ocurre en el cerebro cuando sentimos asombro

Cuando experimentamos asombro, cambian varias cosas en nuestro cerebro. Los estudios muestran que disminuye la actividad en redes relacionadas con el pensamiento autorreferencial, lo que en neurociencia se conoce como default mode network. Esa red es la que mantiene activo el diálogo interno constante, repasando el pasado y anticipando el futuro, preguntándose qué pensarán los demás. Cuando aparece el asombro, ese diálogo se suaviza y aparece algo distinto. Presencia.

Al mismo tiempo, se activan circuitos relacionados con la atención y la percepción sensorial. La experiencia se vuelve más intensa, más vívida. Es como si tu cerebro te dijera: “Esto es importante. Presta atención.” En algunos estudios, además, el asombro cambia nuestra percepción del tiempo, haciéndonos sentir que el tiempo se expande y que tenemos más espacio mental disponible. Si alguna vez has sentido que un momento parecía durar más de lo normal, es posible que estuvieras experimentando algo muy parecido a esto.

 

La mente TDAH y la capacidad de asombro

Muchas de las personas con TDAH con las que hablo cada día, yo incluido, describimos una relación muy intensa con este tipo de experiencias. No siempre nos identificamos con las formas tradicionales de espiritualidad, pero sí hablamos de momentos de profunda conexión cuando escuchamos música, caminanamos en la naturaleza, nos sumergemos en un proyecto creativo o entramos en un estado de hiperfoco.

Durante el hiperfoco, la mente TDAH puede concentrarse de forma extraordinaria en algo que despierta curiosidad o pasión. El tiempo cambia, la atención se afina, y la experiencia se vuelve absorbente.

Desde fuera puede parecer simplemente concentración, pero desde dentro quienes tenemos un sistema nervioso TDAH lo vivimos como un estado de presencia muy profunda, casi contemplativa. De hecho, no es muy distinto de lo que ocurre en algunas prácticas meditativas.

 
 

La atención en el TDAH no es simplemente un problema de concentración, sino que mMás bien oscila entre dos estados. Por un lado, una mente muy activa, con pensamientos que se mueven rápido y una atención que cambia con facilidad. Por otro, momentos de hiperfoco en los que algo despierta curiosidad o interés profundo y la mente se sumerge por completo. En esos momentos aparecen experiencias de conexión, inspiración o asombro, estados muy cercanos a lo que en psicología se conoce como el “flow”, el acto de fluir.

Figura reproducida de: Champ et al, J Clin Med. 2024 Oct 7;13(19):5963, bajo licencia Creative Commons CC BY 4.0.

 
 

Espiritualidad fuera de los templos

Durante mucho tiempo, la espiritualidad se ha asociado con instituciones religiosas, rituales o creencias específicas.

Pero cada vez más investigaciones sugieren que las experiencias espirituales pueden surgir en contextos mucho más cotidianos. La música, el arte, la naturaleza, la creatividad. El asombro. En todos estos contextos, el cerebro entra en estados que reducen el ruido mental y amplifican la percepción del momento presente. Y cuando eso ocurre, muchos de nosotros sentimos algo que es difícil de explicar con palabras. Una sensación de conexión con algo más grande que uno mismo.

 
 

Las experiencias de asombro, como contemplar la naturaleza, escuchar música o sentir una profunda inspiración creativa, producen cambios medibles en el cerebro y el cuerpo. La investigación sugiere que estos momentos pueden aumentar el tono vagal, reducir la activación del sistema de estrés y modular redes cerebrales relacionadas con el pensamiento autorreferencial. Al mismo tiempo, favorecen la conexión social, el sentido de propósito y la integración con los demás. En conjunto, estos procesos se asocian con mayor bienestar psicológico y con beneficios para la salud física, desde una menor carga de estrés hasta una mejor salud cardiovascular.

Figura reproducida de: Monroy et al, Perspect Psychol Sci. 2023 Mar;18(2):309-320, bajo licencia Creative Commons CC BY 4.0.

 
 

Quizá la espiritualidad del TDAH sea distinta

Si vives con TDAH, es posible que hayas sentido alguna vez que la espiritualidad tradicional no encaja del todo contigo. Puede que tenga demasiadas reglas, demasiada quietud o demasiada estructura. Pero tal vez la espiritualidad de una mente neurodivergente no tenga que parecerse a eso. Quizá se encuentre en lugares diferentes como en un paseo largo, en una conversación profunda o en una canción que te eriza la piel. En un momento de hiperfoco creativo en el que el mundo desaparece durante un rato. En ese instante en el que tu mente, que normalmente corre tan rápido, se detiene. Y todo encaja.

La próxima vez que algo te provoque asombro, prueba algo muy sencillo. Haz una pausa. Respira y deja que tu atención repose en lo que estás sintiendo. No hace falta que lo analices. De hecho, no te hace falta entenderlo, solo permanecer ahí unos segundos. Porque, a veces, la espiritualidad no es algo que tengamos que buscar. Aparece sola. En un inefable momento de asombro que tu cuerpo reconoce antes que tu mente. Deja que esa sensación vibre a través de ti. Ese es el poder sanadvibración es sanadora.

Con cariño,

 
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