Hay muchos adultos con TDAH sin diagnosticar y sin entender su mente

Hace unas semanas tuve la oportunidad de conversar con La Razón sobre un tema que sigue siendo incómodo, poco comprendido y, para muchas personas, profundamente solitario: el TDAH en la edad adulta.

Durante años, el relato dominante ha sido que el TDAH es algo que se detecta en la infancia o que, simplemente, “se pasa” con el tiempo. La realidad es muy distinta. Hay muchísimos adultos que han vivido décadas sintiéndose fuera de lugar, agotados, demasiado intensos o insuficientes, sin entender por qué. Personas que no encajan, pero tampoco saben qué les ocurre.

 

En la entrevista hablo desde un lugar doble

Desde la ciencia, pero también desde la experiencia de haber recibido mi propio diagnóstico a los 47 años. No como una etiqueta que limite, sino como una llave que abre comprensión.

Entender por qué tu energía sube y baja, por qué el estrés te atraviesa con más fuerza, por qué pasas de la euforia al agotamiento, cambia la relación contigo mismo. Reduce culpa. Da contexto. Da alivio. Todo esto es importante.

 
Dr Miguel Toribio-Mateas, neurocientífico especializado en TDAH, posa al aire libre frente a un muro de ladrillo durante su entrevista para La Voz de Galicia sobre neurodiversidad y salud mental.

Fotografía por James Gabriel

Uno de los mensajes centrales de la conversación es que el TDAH no puede reducirse a una lista de déficits. No es solo inatención o impulsividad. También puede venir acompañado de creatividad, intuición, sensibilidad emocional y una forma distinta de percibir el mundo. Cuando solo hablamos de lo que “falla”, dejamos a la persona atrás y reforzamos el estigma.

El TDAH no vive solo en el cerebro

También abordamos algo que considero clave y que atraviesa todo mi trabajo: el TDAH no vive solo en el cerebro. Vive en el cuerpo. En el sistema nervioso. En el sueño, la digestión, el estrés, la regulación emocional. Por eso insisto tanto en la importancia del descanso, de respetar los ritmos internos y de dejar de ver parar como un lujo. El descanso es una necesidad neurobiológica. No hacer nada también hace algo.

Hablamos, además, del papel de la nutrición y del eje intestino-cerebro. No como una receta mágica ni como una dieta perfecta, porque eso no existe, sino como una forma de crear mejores condiciones para que el sistema nervioso funcione con más estabilidad. Cuidar el cuerpo no es una exigencia más. Es una forma de apoyo.

Si hay una idea que me gustaría que quedara clara es esta: muchas personas con TDAH no están rotas. Han sobrevivido durante años en entornos que no estaban pensados para ellas. Entender cómo funciona tu mente y tu cuerpo no te encasilla. Te devuelve agencia. Te permite tratarte con más calma y menos dureza.

Seguir hablando de esto, con matices, con evidencia y con humanidad, sigue siendo necesario. Para que menos personas lleguen tarde a entenderse. Para que el diagnóstico no sea miedo, sino comprensión. Para que vivir con TDAH no signifique vivir en lucha constante.

Haz clic en el botón para leer la entrevista completa. Gracias de corazón a la periodista Raquel Bonilla por una conversación tan humana y compasiva.

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“No veo el TDAH como una enfermedad. Simplemente, nuestro cerebro es diferente”

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La Ciencia que Sostiene “Cuerpo y Mente TDAH”